El nearshoring convirtió a México en uno de los destinos más observados para acercar cadenas de suministro al mercado estadounidense. Pero la conversación está cambiando. Anunciar una planta ya no significa necesariamente que la inversión terminará materializándose.
La cautela es visible en los datos. México recibió importantes flujos de inversión extranjera directa durante 2026, pero buena parte corresponde a reinversión de utilidades de compañías que ya operan en el país; la participación de nuevas inversiones continúa siendo mucho menor.
La infraestructura se convierte en el verdadero filtro
Una fábrica necesita mucho más que terreno industrial. Electricidad confiable, disponibilidad de agua, carreteras, logística, talento y capacidad de conexión con proveedores determinan si una ubicación realmente puede soportar nuevas operaciones.
Esto coloca al nearshoring frente a una segunda etapa: México ya demostró su ventaja geográfica; ahora necesita demostrar capacidad operativa para absorber nuevas inversiones. Incluso actores del mercado señalan la confiabilidad energética y la certidumbre jurídica entre las preocupaciones de inversionistas internacionales.
El T-MEC añade una nueva variable
La revisión del T-MEC de 2026 agregó incertidumbre a las decisiones de largo plazo. Estados Unidos decidió no extender automáticamente el acuerdo por otros 16 años, abriendo un periodo de revisiones anuales y negociaciones sobre temas como reglas de origen y manufactura regional.
Para una compañía que analiza invertir cientos de millones de dólares en una planta cuya operación se extenderá durante décadas, la certidumbre comercial importa tanto como los costos laborales o la ubicación.
Banco de México también ha identificado una revisión favorable del T-MEC y una reducción de la incertidumbre comercial como factores que podrían impulsar la inversión y el crecimiento.
Del anuncio a la inversión real
El nearshoring no está desapareciendo. México conserva ventajas importantes por su cercanía con Estados Unidos, integración manufacturera y participación en cadenas productivas norteamericanas.
Pero comienza una fase más exigente. Energía, agua, infraestructura, regulación y certidumbre jurídica y comercial determinarán qué proyectos avanzan y cuáles permanecen únicamente como anuncios.
La próxima batalla del nearshoring ya no consiste en atraer interés. Consiste en convertir ese interés en capital instalado, producción y empleos reales.
