La Secretaría de Economía identificó que entre 2025 y 2030 existe un potencial de inversión de 4.2 billones de pesos en el sector vivienda, a partir de proyectos reportados por CANADEVI y la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios. Pero, aunque la magnitud del capital es ambiciosa, buena parte está detenida: 136 proyectos prioritarios ya reportados enfrentan demoras debido a trámites pendientes en dependencias de los tres niveles de gobierno.
El cuello de botella de la burocracia
El principal freno está en los procesos administrativos: permisos, licencias y permisos ambientales suelen implicar demoras que desalientan a inversionistas. Esta carga regulatoria inhibe la ejecución de proyectos que podrían dinamizar no solo el sector construcción, sino también la creación de empleo, desarrollo urbano y acceso a vivienda digna.
Impactos de la paralización
La demora en dichos proyectos no solo retrasa la construcción —con lo que se postergan nuevas viviendas—, también afecta la confianza del mercado: los inversionistas observan incertidumbre, lo que puede traducirse en cancelaciones, ajustes al alza en precios o en una ralentización general del sector. A su vez, al no avanzar los desarrollos, se desperdicia el potencial de generación de empleos e inversión en infraestructura.
La oportunidad que no conviene dejar pasar
Si se destraba esa cartera de 4.2 billones, México podría reactivar con fuerza su industria de la construcción en los próximos años. Eso implicaría no solo vivienda nueva, sino desarrollo urbano, mejor infraestructura, empleos directos e indirectos, y un impulso al crecimiento económico a nivel local y nacional.
Lo que se necesita: agilidad y coordinación
Para aprovechar ese potencial, es indispensable simplificar los trámites, unificar criterios entre dependencias y establecer plazos claros para permisos y licencias. Además, sería útil que el sector público ofrezca acompañamiento a los desarrolladores, garantizando certidumbre y reduciendo los costos de espera. Solo con esa coordinación las promesas de inversión podrían convertirse en obra tangible.
