La informalidad laboral en México es una de las barreras más profundas para construir un futuro financiero estable. Más de la mitad de la población ocupada trabaja fuera del sistema formal, lo que significa que millones de personas no cotizan, no acumulan semanas de seguridad social y no generan ahorro para su retiro. Las cifras recientes muestran que únicamente uno de cada tres trabajadores cuenta con una AFORE, un dato que evidencia una vulnerabilidad estructural que podría intensificarse en los próximos años.
El panorama actual
La economía informal representa alrededor del 54% de la fuerza laboral mexicana. Las personas en este sector carecen de acceso a seguridad social, cotización obligatoria y aportaciones automáticas para su retiro. En comparación, los trabajadores formales sí reciben aportaciones constantes que permiten acumular un patrimonio para la vejez.
La diferencia se acentúa según el nivel de ingreso. En hogares de menores recursos, solo una quinta parte de los trabajadores informales tiene una cuenta de ahorro para el retiro, mientras que en el sector formal esta proporción supera con amplitud la mitad. A medida que los ingresos aumentan, la brecha se reduce, pero sigue siendo significativa. Incluso entre los deciles de mayor ingreso, la informalidad continúa limitando el acceso a las AFORE y a mecanismos de ahorro institucional.
Consecuencias para el retiro
La falta de ahorro para la vejez no es un efecto secundario: es la consecuencia directa de un mercado laboral fragmentado. Las personas que trabajan en la informalidad suelen percibir menos ingresos y tienen una menor capacidad para sostener ahorro voluntario. Además, no cuentan con aportaciones patronales ni con el respaldo de un sistema de seguridad social que automatice el proceso de ahorro.
Entre las mujeres, la vulnerabilidad es mayor. Las interrupciones laborales por cuidados familiares, los ingresos históricamente más bajos y la sobrerrepresentación en actividades informales generan un déficit acumulado que incrementa el riesgo de pobreza en la vejez. Este escenario ha llevado a que una parte importante de la población asuma que dependerá de apoyos públicos o de seguir trabajando aun después de la edad típica de retiro.
Las raíces de la informalidad
El fenómeno no obedece a una sola causa. Los altos costos de la formalización, la complejidad regulatoria y las cargas administrativas dificultan que pequeños empleadores ofrezcan empleo formal. Al mismo tiempo, el mercado laboral presenta condiciones precarias, alta rotación y una limitada creación de empleo de calidad, lo que empuja a millones hacia ocupaciones informales.
La informalidad también es heterogénea. No es lo mismo un trabajador independiente con ingresos altos pero sin cotización, que un vendedor ambulante, un trabajador temporal o un empleado sin contrato en pequeñas empresas. Estas diferencias hacen más compleja la implementación de políticas públicas que respondan a las necesidades de todos.
Riesgos para el sistema de pensiones
El sistema de pensiones mexicano fue diseñado para trabajadores formales con cotización sostenida a lo largo de su vida laboral. La informalidad masiva introduce un desequilibrio que amenaza su sostenibilidad. Cuando una gran parte de la población no acumula recursos suficientes, el resultado es un aumento de la dependencia en apoyos públicos, pensiones mínimas garantizadas y programas sociales financiados por el erario.
La baja participación en ahorro voluntario agrava el problema. Aunque existen opciones para que trabajadores informales realicen aportaciones individuales, el esfuerzo económico necesario suele resultar inviable para quienes tienen ingresos bajos o inestables.
¿Qué se puede hacer?
Para enfrentar esta brecha, especialistas en pensiones y mercado laboral coinciden en varias líneas de acción. Una de ellas es impulsar la apertura de cuentas de retiro para trabajadores independientes o informales mediante trámites simples y accesibles. La digitalización juega un papel crucial para eliminar fricciones, reducir tiempos y facilitar la inscripción automática en ciertos procesos administrativos.
Otra medida clave es ampliar la educación financiera. Entender la importancia del ahorro de largo plazo, los beneficios de cotizar y los rendimientos potenciales podría aumentar la participación voluntaria en el sistema. Al mismo tiempo, un pilar no contributivo más robusto podría servir como red de protección para quienes nunca logren integrarse al mercado formal.
También se ha planteado la posibilidad de implementar incentivos fiscales, subsidios o esquemas de contribución flexible que permitan a microempresas y trabajadores por cuenta propia formalizarse sin enfrentar costos prohibitivos.
La informalidad laboral no solo afecta el presente económico de millones de personas, también compromete su capacidad de vivir una vejez digna. Que solo uno de cada tres trabajadores cuente con una AFORE revela un problema estructural que exige atención inmediata. Reducir la informalidad, facilitar la inclusión financiera y fortalecer el sistema de pensiones son pasos indispensables para garantizar un futuro más equitativo. Mientras estas reformas no ocurran, la brecha de ahorro para el retiro seguirá creciendo, y con ella, el riesgo de que la vejez en México esté marcada por la precariedad y la dependencia.
