La relación laboral se sostiene sobre un principio básico: el trabajo debe ser remunerado de manera oportuna. Sin embargo, en México persisten casos donde empresas retrasan pagos, entregan salarios incompletos o incumplen acuerdos. Ante esa situación, surge una pregunta legítima: ¿puede un trabajador negarse a laborar si no recibe su salario? La respuesta, desde la Ley Federal del Trabajo, es clara: sí, pero bajo criterios específicos que protegen al empleado.
El salario es una obligación, no una cortesía
La ley establece que el pago debe realizarse en tiempo y forma. Cuando una empresa incumple reiteradamente, el trabajador puede suspender labores sin que esto se considere abandono de empleo. El derecho al salario es irrenunciable y su falta constituye una violación directa al contrato laboral.
Suspender labores no implica renunciar
La suspensión de trabajo por falta de pago no equivale a renuncia ni a terminación laboral. Es una medida legítima que el trabajador puede ejercer para evitar presentarse bajo condiciones que violan sus derechos. Además, el empleado conserva el derecho a salarios caídos, prestaciones y cualquier indemnización correspondiente si el patrón mantiene el incumplimiento.
La empresa sí enfrenta consecuencias legales
Cuando una compañía deja de pagar a su personal, incurre en faltas graves que pueden derivar en sanciones, inspecciones de la autoridad laboral, demandas y, en casos extremos, responsabilidades adicionales. El incumplimiento salarial afecta directamente la formalidad y la reputación del empleador, además de abrir la puerta a procesos legales costosos.
¿Qué debe hacer el trabajador?
Documentar retrasos, conservar comprobantes, solicitar por escrito la regularización del pago y acudir a instancias laborales si la situación persiste. La suspensión de actividades es válida, pero se recomienda ejercerla con respaldo formal para evitar conflictos innecesarios.
Negarse a trabajar cuando no se paga el salario no es rebeldía: es ejercer un derecho. En un mercado laboral donde la informalidad y la precariedad aún son comunes, conocer estos principios es fundamental para proteger la dignidad y la estabilidad económica de los trabajadores.
