El dilema de la regulación para las criptomonedas

Recientemente una empresa más sacudió el mercado de las criptomonedas. Concretamente hablando de FTX, la cual estaba consolidada entre las primeras seis criptos, desde el punto de vista de su capitalización en el mercado. Pareciera, tanto para el inversor experimentado como para el iniciado que invertir en cualquiera dentro de las principales criptomonedas le significaría mayor seguridad y tranquilidad en su inversión, sin contar obviamente la volatilidad inherente a todas, pero nada más lejos de esa apreciación, pues todo se reduce a solo una percepción e ilusión por la falta de regulación que pone a prueba a todo tipo de criptomonedas y, principalmente, a las empresas que ofrecen la función de custodios en la inversión que les confían.

Probablemente, la principal característica en la generación de tecnología basada en el blockchain, sea la descentralización en la administración y control de las criptomonedas y su interrelación con la economía mundial.

El atractivo que representa el manejo de dinero independiente de las manos de los bancos centrales o de gobiernos puede que haya sido la punta de lanza y el gran incentivo para que los inversiones encontraran mayor seguridad y una alternativa viable en el valor de sus recursos, no solamente por la oportunidad de aumentar su riqueza personal con base en la especulación, sino por mantener mayor seguridad en que no les afectaría que su país o su moneda pudiera sufrir una nueva crisis, como las que no hace mucho tiempo pasó Estados Unidos y a las que arrastró al resto de los países.

Sin embargo, esa fortaleza –la falta de un ente regulador– puede ser al mismo tiempo su peor debilidad y hacer desaparecer la confianza en esta tecnología que cada día gana más adeptos. La caída de uno de los grandes, que se estima afectó a más de un millón de inversores, hace que nazca la reflexión sobre la conveniencia de si contar con un regulador, un árbitro, reglas muy específicas y, en general, las acciones necesarias para que los fraudes no se hagan con la mano en la cintura por falta de regulación, tal como les acaba de ocurrir a todos los inversionistas de FTX y también a las demás plataformas que se han visto afectadas como reacción en cadena. La confianza se puso a prueba y tal vez no retorne a los inversores sino hasta que se establezca una regulación clara, que haya vigilancia estricta en las entidades que custodien los recursos de los demás, como sucede en la banca tradicional, en las casas de bolsa, aseguradoras y, en general, en todas las instituciones que operan valores que les confían terceros.

El valor de capitalización que hay en todas las criptomonedas, no es aún motivo de preocupación para las principales economías, pero sí las están observando y evaluando para su regulación. En la Unión Europea ya se han dado pasos para poner orden en los participantes de esta tecnología y, aunque aún es perfectible desde varias perspectivas, es un hecho que se ha iniciado una regulación y que, por el simple hecho de pertener a la economía, debe estar vigilada y con reglas claras.

Aún se esta escribiendo la historia para este sector económico y hace falta mucho camino para abarcar el amplio espectro de esta tecnología, pero los primeros pasos están dados. En lo personal, no me queda duda de que la descentralización será solo cuestión de tiempo y quedará en el anecdotario, pero tratándose de dinero, nada se escapa del control mundial.

Lee también: Criptomonedas estables.

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