Esa es la fórmula del éxito de Ernesto Luna, director de Operaciones del grupo hotelero Ahau Collection. “Para tener un producto o marca reconocidos en el mercado se necesitan calidad y personal, capacitado”, opina Ernesto Luna, director de Operaciones del grupo hotelero Ahau Collection, que tiene seis complejos en Quintana Roo: Ahau Tulum, Alaya, Villa Pescadores, Casa Ganesh, Aldea Canzul y Kanan.
Reconocido por su liderazgo y creatividad, ha dejado huella en Cancún con eventos que hacen que los hoteles a su cargo sean punto de referencia. En 2007 buscaba invitados que se convertían en precursores o embajadores de la marca. No se hablaba de influencers.
Nuevas tradiciones
“Hoy proponemos que la gente pruebe la cochinita enterrada, como se hace en las comunidades mayas, tenemos ceremonias de la luna nueva y la luna llena, la del cacao… eso hace que la gente diga ‘wow’.
“Yo le llamo lujo rústico porque no estás viendo mármol de Carrara, sino palitos y palapas, sin televisión ni teléfono, pero sí muy buen servicio, de alto nivel y un ambiente que sólo hay en Tulum”.
Con 33 años de experiencia en hotelería, Ernesto Luna dice que cuando decidió dedicarse a esa actividad “con hablar inglés te contrataban en cualquier lado”. A pesar de eso, concluyó sus estudios en la Escuela Panamericana de Hotelería de la CDMX y empezó a trabajar en el Hotel Sevilla Palace.
Luego vinieron “las grandes ligas”, como le llama, en el hotel Camino Real, que lo llevó a Puerto Vallarta, cuando la alta hotelería sólo operaba bajo el concepto europeo, pues no había “todo incluido”.
Llegó a los hoteles Meliá, donde permaneció 17 años manejando dos marcas en Cancún, Ciudad de México, Nueva York y Miami para convertir un Meliá tradicional en un hotel lifestyle. En Cancún dejó huella con eventos como la grabación de la telenovela “Rubí” o desfiles de moda.
Ernesto es un enamorado de Tulum, de su magia, sus playas espectaculares, de su pueblo, cuyo centro está lleno de spas, restaurantes y cafés, en el que aún se puede ver a personas en bicicleta o niños jugando en la calle, algo común en los pueblos, pero en un ambiente cosmopolita porque llegan personas de todas partes.
Las tarifas son altas porque te olvidas de las presiones de las grandes ciudades y puedes trabajar con una vista al mar, el dejar tu computadora, darse un chapuzón en el mar, pedir un mojito, una langosta o un pulpo al grill… son el tipo de experiencias con las que se pueden seguir sorprendiendo al turista.
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